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Lea la versión completa del discurso histórico de Lula tras la anulación de las condenas de la Operación Lava Jato

25/03/2021 19:33

Ricardo Stuckert

10 de marzo de 2021

Yo estaba sentado en tu lugar y tenía un poco de dificultad para entender las palabras que decías, posiblemente por la mascarilla. Creo que Soventino es médico. 

Yo pienso lo siguiente: primero, espero que todos estén con sus mascarillas puestas aquí, que todos se estén cuidando, espero que pronto todos ustedes hayan tomado la vacuna. Quisiera hablar con el médico aquí, para ver si puedo quitarme la mascarilla para hablar. Estoy a dos metros de distancia, ustedes todos ya se han hecho la prueba, todos ustedes están libres, entonces me gustaría quitarme la mascarilla para poder hablarles. 

Bien, hace casi tres años que salí de la sede de este sindicato para entregarme a la Policía Federal. Fui, obviamente, contra mi voluntad, porque sabía que estaban metiendo preso a un inocente. Muchos de los que estaban aquí no querían que me fuera a entregar. 

Tomé la decisión de entregarme porque no sería correcto que un hombre de mi edad, un hombre con la construcción de la historia hecha junto con ustedes, pudiera salir en la portada de los diarios y en la televisión como fugitivo. 

Como yo estaba seguro de las mentiras contadas sobre mí, entonces tomé la decisión de probar mi inocencia dentro de la sede de la Policía Federal, cerca del juez [Sergio] Moro. 

Antes de ir, habíamos escrito un libro. Yo fui quien dio la palabra final en el título del libro, que es La verdad vencerá. Yo tenía tanta confianza y tanta consciencia de lo que estaba sucediendo en Brasil, que estaba seguro de que ese día llegaría. Y llegó. 

Quería decirles que yo nací políticamente en este sindicato. En 1969, me hice delegado de base de este sindicato, trabajando en [Aceros] Villares. En 1972, era primer secretario, y cuidaba de la previsión social. En realidad, yo cuidaba de los viejitos aquí. En 1975, llegué a presidente. En 1978, hicimos las primeras huelgas desde las de Osasco y Contagem, en 1968. Y después ustedes conocen la historia. Vino la creación de muchos de los movimientos que están aquí, y yo participé de casi todos ellos. 

El movimiento más importante fue mi toma de consciencia de que, a través del sindicato, yo no lograría solucionar los problemas del país. Podría, como mucho, alcanzar alguna conquista dentro de la fábrica, pero era una lucha muy economicista, de aquellas que ganas una hoy y mañana la pierdes con la inflación, de aquellas que piensas que estás ganando y de pronto cierra la empresa, como cerró la Ford aquí, sin rendir cuentas a nadie. 

El sufrimiento por el que están pasando las personas pobres en este país es infinitamente mayor que cualquier crimen que hayan cometido contra mí. Es mayor que cada dolor que yo sentía cuando estaba preso en la Policía Federal.

Entonces decidí que era necesario entrar a la política y construir una consciencia política en el país. Yo siempre digo que soy, en la política, un resultado de la consciencia política de la clase trabajadora brasileña. En el momento en que esta evolucionó, yo evolucioné. Creo que esto justifica la invitación que les he hecho a ustedes para que estuvieran aquí. 

Porque todas las personas invitadas hoy estaban aquí para ir a la Policía Federal, y son las personas que creían antes y siguieron creyendo en mi inocencia. Por eso quise especialmente invitar a ustedes. Falta, por supuesto, un coordinador o una coordinadora de la Vigilia de Curitiba, que fue una de las cosas más extraordinarias que me sucedieron en la vida. 

Cuando decidí agendar esta entrevista, a muchos les preocupó cómo estaría mi humor: “¿Como va a estar Lula? ¿Estará enfadado? ¿Insultará a alguien? ¿Dirá palabras de esperanza?”.

A veces me sentía como en la historia de un esclavo que leí en un libro. Al esclavo lo habían condenado a recibir cien latigazos. Después que el encargado de azotarlo le dio 98, se acercó y le dijo: “Dejo de darte latigazos si le agradeces a tu dueño. Si le agradeces, no te doy los dos que faltan.” Y el tipo le contestó: “¿Cómo le voy a agradecer? Ya estoy todo reventado. ¿Por qué voy a parar? Deme los otras dos”. 

Si hay un ciudadano que tiene razones para estar resentido por los latigazos, ese soy yo. Pero no lo estoy. La gente cree que después de los latigazos, se hecha un poco de sal y pimienta y la persona se va a curar con el tiempo, sin importar las cicatrices que le queden.

Yo sé que fui víctima de la mayor mentira jurídica que se contó en 500 años de historia. Y que mi mujer, Marisa, se murió por la presión: y el ACV [Accidente Cerebral Vascular] se precipitó. 

Me prohibieron hasta de visitar a mi hermano dentro del ataúd, porque tomaron la decisión de que yo viniera a São Paulo, fuera al cuartel del 2º Ejército, en Ibirapuera, y que mi hermano, dentro del ataúd, me fuera a visitar. Y además dijeron que no se podría sacar ninguna foto.

Entonces, si hay un brasileño que tiene razones para guardar muchos y profundos resentimientos, ese soy yo. Pero no los guardo. Sinceramente, no los guardo porque el sufrimiento por el que está pasando el pueblo brasileño, el sufrimiento por el que están pasando las personas pobres en este país es infinitamente más grande que cualquier crimen que alguien pueda cometido contra mí. Es más grande que cada dolor que yo sentía cuando estaba preso en la Policía Federal. 

Porque no hay dolor más grande para un hombre o una mujer en cualquier país del mundo que levantarse a la mañana y no tener asegurado un café y un pan con mantequilla para desayunar. No hay dolor más grande para un ser humano que llegar a la hora del almuerzo y no tener un plato de frijoles con harina [de mandioca] para darle a su hijo. No hay nada peor para un ciudadano que saber que está desempleado y que, a fin de mes, no va a contar con un sueldo para mantener a su familia. 

Es ese dolor que está sintiendo la sociedad brasileña ahora el que me hace decirles: el dolor que yo siento no es nada al lado del dolor que sufren millones y millones de personas.

Es mucho menor que el dolor que sufren casi 270 mil personas que han visto morir a sus entes queridos. Sus padres, sus abuelos, su madre, su marido, su hijo, su nieto, y ni siquiera se pudieron despedir en el momento que siempre hemos considerado sagrado: el de hacer la última visita y mirar por última vez a la cara a las personas que amamos. 

Y mucha más gente está sufriendo. Por eso quiero expresar mi solidaridad, en esta entrevista, a las víctimas del coronavirus. A los familiares de las víctimas del coronavirus. En especial a los trabajadores y trabajadoras del área de la salud. De toda la salud, pública y privada. Pero sobre todo a los héroes y heroínas del SUS [Sistema Único de Salud], que durante tanto tiempo fueron desacreditados políticamente. Fueron desacreditados en el ejercicio de su profesión. Porque solo se mostraban las cosas malas que ocurrían en el SUS, y cuando vino el coronavirus, si no fuera por el SUS, ya habríamos perdido mucha más gente de la que perdimos. Pese a que el gobierno retira tanto dinero del SUS y encarna un verdadero desgobierno en el trato a la salud. 

Ustedes saben que lo de la vacuna no es una cuestión de si hay dinero o no hay dinero. Es una cuestión de si amo la vida o amo la muerte. Es una cuestión de saber cuál es el papel de un presidente de la República en el cuidado de su pueblo. Porque al presidente no lo eligen para decir tonterías y desperdigar fake news. No lo eligen para incentivar la compra de armas, como si necesitáramos armas. 

Quienes necesitan armas son nuestras fuerzas armadas. Quien necesita armas es nuestra policía, que muchas veces sale a las calles a combatir la violencia con un 38 todo herrumbrado. Pero no la sociedad brasileña. 

Ni tampoco son los hacendados los que necesitan armas para matar a trabajadores sin tierra o para matar a pequeños propietarios. No son los milicianos los que necesitan armas para hacer terrorismo en la periferia de este país. Para matar a niños y niñas, sobre todo niños y niñas negras, que son las mayores víctimas de las armas y de las balas perdidas en este país.

Estamos, entonces, viviendo un momento delicado. Y quiero conversar un poco con ustedes sobre eso. Pero, antes de conversar, quisiera seguir con mis agradecimientos, Wagner.

Primero a ti, agradeciendo, una vez más, a este sindicato por ceder este espacio democrático para que podamos tener esta conversación.

No podría dejar de agradecer al presidente Alberto Fernández, de Argentina, que, mientras era candidato a presidente de la República en su país contra la extrema derecha, tuvo la decencia, tuvo el coraje de ir a la Policía Federal de Curitiba a visitarme. Y más aún: yo hasta le pedí que no diera entrevistas para que la derecha no lo perjudicara en Argentina y él me dijo: “Lula, no tengo ningún problema con lo que va a decir la derecha. Mi problema es lo que me ha traído aquí. He venido a ser solidario contigo, porque creo que estás siendo víctima de la mentira política más grande que ya hubo en América Latina”. 

Entonces, al presidente Alberto Fernández, que fue la primera persona que me llamó después de la decisión de Fachin, y al pueblo argentino solidario, mis agradecimientos. 

Mis agradecimientos a nuestro querido papa Francisco. No solo porque envió a una persona a que me visitara en Curitiba para entregarme una carta, a quien la Policía Federal no dejó entrar porque creyó que era un embustero, que no era representante del papa, y sí lo era. Después recibí la carta del papa, además de los bellos pronunciamientos del papa, en varios momentos. 

Y por el hecho de que el papa tuvo el coraje de recibirme en el Vaticano, y tuvimos una larga charla, no sobre mi caso, sino sobre la lucha contra la desigualdad, que es el mayor mal que hoy pesa sobre el planeta Tierra, un planeta que es redondo, que no es rectangular o cuadrado. Y Bolsonaro no lo sabe. 

Por lo tanto, es importante que se lo reiteren siempre, quienes puedan hacerlo: el planeta es redondo. Él tiene un astronauta en el gobierno. El ministro Pontes, de Ciencia y Tecnología, sobrevoló en un cohete ruso cuando yo era presidente. Si no se durmió, vio que el planeta era redondo. 

Muy bien, él le podría decir a su presidente: “Vea, presidente, ya no diga esa tontería. No le crea al tal Olavo de Carvalho. Asuma que el mundo es redondo”. 

Yo expreso entonces mi gratitud, porque el papa Francisco es, innegablemente, el religioso más importante que tenemos en este momento. 

Quiero agradecer a las personas, compañero Aloizio Mercadante, del Grupo de Puebla. Líderes de toda América Latina, que fueron solidarios y confiaron en mi inocencia. Quiero agradecer al Foro de São Paulo, que es una organización de la izquierda latinoamericana. Y quiero agradecer a muchos líderes políticos. No podría dejar de mencionar aquí al compañero Pepe Mujica, expresidente del Uruguay, una de las personas más extraordinarias que conocí. 

No podría deja de reconocer aquí la solidaridad de Bernie Sanders, un compañero senador de los Estados Unidos, casi candidato a presidente de la República, que se retiró de la campaña.

Quiero reconocer con mucho cariño el comportamiento de la alcaldesa Anne Hidalgo, alcaldesa de París, que, mientras disputaba sus elecciones, mostró todo su coraje, cuando la derecha escribía en los periódicos que ella perdería las elecciones porque me había llevado allá. Ella me dijo: “Lula, para mí, la solidaridad vale más que una elección. Yo te he traído aquí para darte un premio de ciudadano parisino, y voy a ganar las elecciones por este gesto mío”. Y ganó las elecciones. Por eso, quiero agradecer a nuestra querida alcaldesa de París. 

Quiero agradecer al compañero [José Luis Rodríguez] Zapatero, al compañero Evo Morales, a la monja Coen, a nuestro querido Martinho da Vila, a nuestro querido Chico Buarque, a nuestro querido Noam Chomsky, uno de los mayores intelectuales vivos, hoy, en la humanidad.

Quiero agradecer a mi querido... Antes de decir su nombre, les cuento que ese compañero se pasó cuatro años queriendo donar una hacienda suya en el interior de São Paulo para que la USP [Universidad de São Paulo] hiciera un campus. Y la USP estuvo cuatro años sin darle respuestas. Un día él me buscó, a través de un asesor, para decirme que quería donar una hacienda para hacer una universidad.

En menos de 20 horas, el compañero Fernando Haddad, que está aquí, aceptó el terreno, y lo tomamos. Y con ese compañero tuve el gusto de visitar la universidad, ya funcionando. No sé cómo estará hoy, después de la destrucción de [Michel] Temer y de Bolsonaro. Mi querido compañero es Raduan Nassar, compañero que ya tiene más de 80 años. 

Quiero agradecer al compañero, mi biógrafo, que nunca termina mi libro, el compañero Fernando Morais. Quiero agradecer a Martin Schulz, que es ministro en Alemania y representa la socialdemocracia. A Roberto Gualtieri, del Podemos español, y al ex primer ministro italiano [Massimo] D'Alema. 

Quiero agradecer, de corazón, a los compañeros y compañeras de la vigilia. Aquí hay mucha gente que estuvo en la vigilia, aquí hay mucha gente que estuvo mucho tiempo en la vigilia, pero aquellas personas enfrentaron locuras de la Policía Federal.

Había un comisario, que no sé si era sano o no, si bebía o no, pero él provocaba a la vigilia. Llegó a disparar para meterle miedo a la vigilia.

Había policías, había vecinos que ofendían a las personas de la vigilia todos los días. Y esas compañeras y compañeros estuvieron allí 580 días. Todos los santos días, por la mañana, de domingo a domingo, gritaban “presidente Lula”; a la hora del almuerzo, gritaban “presidente Lula”; y a las siete de la noche, gritaban “presidente Lula”. Todos los santos días. Yo me despertaba, almorzaba y me iba a dormir con mujeres y hombres de todo Brasil gritando mi nombre. 

Entonces, la cárcel no fue el sufrimiento que yo pensaba que sería, porque no sé cuántos presos en la historia de la humanidad tuvieron a tanta gente alrededor.

Y luego tengo que agradecer al movimiento sindical. Agradecer a João Paulo, al Movimiento Sin Tierra, porque el compañero Baggio, allá en Paraná, fue un héroe. 

Agradecer a los compañeros del MAB [Movimiento de los Afectados por Presas], que trabajaron de forma extraordinaria, y a los compañeros de los partidos de izquierda que están aquí. Yo desafortunadamente no tengo el nombre de todas las personas, pero les tengo que agradecer. 

Antes de agradecer a mis abogados, y a los otros abogados que, sin ser mis abogados en el proceso, fueron abogados, participaron en solidaridad, hicieron mucho en este país. 

Quiero agradecer a una persona que no conozco, que se llama Claudio Wagner. Es el perito que está investigando todos los mensajes del hacker para probar la veracidad de la denuncia. 

Lo curioso es que, durante largos cinco años, amplios sectores de la prensa no le exigieron ninguna veracidad a Moro, no les exigieron ninguna veracidad a los fiscales, no le exigieron ninguna veracidad a la Policía Federal, para divulgar las mentiras que contaban sobre mí. 

Pero ahora tenemos a un perito, investigando los documentos, en la Policía Federal. Por lo tanto, no es una cosa del PT, sino que es de la Policía Federal, autorizada por el ministro de la Suprema Corte. E, incluso con la confirmación de ese perito, ustedes siguen a la prensa. 

A mi me causa mucha gracia porque Moro dice “no reconozco esa veracidad”. Los fiscales dicen “no reconozco”, incluso con el peritaje, con la divulgación autorizada por la Suprema Corte.

En mi caso, nunca pidieron autorización. Era hasta gracioso porque muchas veces yo iba a que me interrogaran y la mayor preocupación del comisario que conducía la investigación no estaba en la pregunta, sino en lo que se iba a filtrar. Y la filtración era seleccionada. 

Había periodistas específicos en el diario Folha de S. Paulo, periodistas específicos en Estadão; periodistas específicos en las revistas Época, Veja, IstoÉ; había periodistas específicos en varios canales de televisión. Todos lo recuerdan.

¿Cuántos no fueron los reportajes del principal telediario en los que aparecía un oleoducto, un gasoducto del que salía dinero, para hablar veinte o treinta minutos de las denuncias de los fiscales, sin ninguna prueba? 

Pero los ponían. Contra Lula no hacía falta probar que el documento tenía seriedad. Había que destruirlo. Después de todo, un tornero mecánico, sin dedo, ya había hecho demasiado en este país. Era necesario evitar que ese ciudadano pensara en volver a gobernar el país. 

Porque América Latina nunca trabajó, en 500 años, con políticas de inclusión social. La inclusión social es para el 35% de la sociedad. Solo una pequeña parte puede ir al teatro. Solo una pequeña parte puede ir al cine. Solo una pequeña parte va al restaurante. A los parques bonitos, a las vernissages, a las exposiciones que hay en este país, va solo una pequeña parte. 

La mayoría que se quede en su lugar. Al fin y al cabo, el rol del trabajador es trabajar. Y el rol de los pobres es esperar las políticas de ayuda del gobierno, cuando vienen. 

Por todo esto, les digo: anteayer fue un día gratificante. Le agradezco al ministro Fachin, porque cumplió con algo que reivindicábamos desde 2016.

La decisión que tomó, tardíamente, cinco años después, la planteamos desde 2016. Nos cansamos de decir: la inclusión de Lula, al igual que la inclusión de Petrobras en la vida de Lula, como criminal, era la razón por la cual la pandilla de fiscales de la Lava Jato – no el Ministerio Público, sino la pandilla de fiscales del grupo de tareas – y Moro entendían que la única forma de agarrarme era meterme en la Operación Lava Jato, porque ya me habían liberado en otros varios procesos fuera de la Lava Jato. Pero ellos tenían la obsesión, porque querían crear un partido político, de intentar criminalizarme. 

Me puse muy feliz porque, después de la divulgación de tantas mentiras contra mí, anoche creo que tuvimos un [telediario] Jornal Nacional épico. Ayer, creo, quienes pusieron la tele no podían creer lo que veían. Por primera vez, la verdad prevaleció.

Dicha no por alguien del PT, sino por el presidente de la segunda sala del STF [Supremo Tribunal Federal] en el discurso de Gilmar Mendes; dicha por Ricardo Lewandowski y dicha incluso por Cármen Lúcia, que nunca había visto nada como aquello. 

Y yo, como creo que tengo un poco de experiencia, me puse feliz con la verdad, porque para eso es que sirven los medios de comunicación. Los periodistas no existen para salir a la calle para cumplir las órdenes del editor. 

Ustedes no lo saben, pero en este salón no hay nadie que haya lidiado con la prensa el 10% de lo que hice yo. Desde 1975 yo lidio con la prensa, con mucha prensa. Y siempre he dicho sobre el rol de la prensa, cuando el periodista sale a la calle, que tiene que salir con el compromiso de decir la verdad. La verdad al desnudo. No importa que sea contra el PT, el PCdoB, el PSOL, el PMDB, contra cualquiera. Para eso necesitamos una prensa libre. 

No es una prensa que divulga aquello que políticamente o que ideológicamente quiere. La ideología de la noticia, del diario, de la televisión o de la revista debe estar puesta en una esquina de la página, en el editorial, como pensamiento de la revista. Pero ustedes, periodistas, necesitan ser libres. Y el compromiso de ustedes es escribir lo que han visto. Es escribir lo que las personas les han dicho, no lo que el editor quiere que escriban. 

Por lo tanto, me puse feliz, porque espero que la verdad, la verdad versada por la Globo ayer, sea el nuevo patrón de comportamiento de la Globo con la verdad. 

A la Globo no le tiene que gustar o no un presidente. No le tiene que gustar o no un partido. Eso lo decide a la hora de votar. Pero a la hora de informar, tiene que informar la verdad. Tiene que informar la verdad, tan solo la verdad. 

Ayer me puse feliz porque vi la verdad proferida en forma completa por dos ministros de la Suprema Corte. Y espero que así siga. Porque antes Gilmar [Mendes] tampoco aparecía. Antes, Lewandowski tampoco aparecía. Aparecían los acusadores durante media hora y, a veces, Gilmar y Lewandowski, que, si votaban contra los acusadores, tenían 30 segundos.

Vamos a seguir peleando para que a Moro se lo considere bajo sospecha. Porque no tiene el derecho de convertirse en el mentiroso más grande de la historia de Brasil y que lo traten como héroe aquellos que querían culparme. Los dioses de barro no duran mucho tiempo.

De mis abogados ni hablo, porque el esfuerzo para que mis abogados aparecieran 30 segundos [en televisión] era monumental, y no siempre aparecían. Aun así, sigo diciendo que la libertad de prensa es una de las mayores razones por la mantención de la democracia en cualquier país del mundo, en cualquier lugar del planeta Tierra. 

Entonces, mis compañeros, quiero agradecer a mis abogados. Algo curioso: mis abogados no eran criminalistas, por lo cual muchas veces me llegaron sugerencias de que contratara a alguien famoso. A alguien importante, que fuera exministro o algo así. 

Yo contestaba: para defender la verdad, no necesito eso. Una vez se me propuso conversar con una persona, y esa persona me dijo lo siguiente: “Yo puedo participar, pero necesito 3 millones de reales”. Me quedé pensando: si alguien para defenderme pide 3 millones de reales y yo se los pago, queda confirmado que soy un ladrón. ¿De dónde voy a haber sacado 3 millones de reales para pagar al abogado?

Quiero decirles a mi querido Cristiano Zanin y a mi querida Valeska Teixeira, al igual que a todo el bufete, ¡muchas gracias! Porque solo fue posible que ocurriera lo que ocurrió el lunes gracias al coraje.

¿Se acuerdan ustedes de cuando dije que no cambiaba mi dignidad por mi libertad y dije que mi canilla no era canilla de paloma? Yo no me iba a dejar poner una tobillera, ¿saben?, y no me iría preso a casa porque mi casa no era una cárcel. Mucha gente entendió que yo estaba siendo radical, y que estaba solo diciendo lo que sentía. Yo estaba seguro de que ese día llegaría. 

Ese día llegó con el voto de Fachin, con el reconocimiento de que nunca hubo crimen cometido por mí. El reconocimiento de que nunca hubo vinculación mía con Petrobras. Y toda la amargura que me tragué, todo el sufrimiento por el que pasé, se acabó. 

Estoy muy tranquilo. ¿El proceso va a seguir? Sí. No hay problema, ya estoy absuelto de todos los procesos fuera de Curitiba. Vamos a seguir peleando para que a Moro se lo considere bajo sospecha. Porque no tiene el derecho de convertirse en el mentiroso más grande de la historia de Brasil y que lo traten como héroe aquellos que querían culparme. Los dioses de barro no duran mucho tiempo. 

Estoy seguro de que él hoy debe estar sufriendo mucho más de lo que yo sufrí. Estoy seguro de que [el fiscal Deltan] Dallagnol debe estar sufriendo mucho más de lo que yo sufrí. Porque ellos saben que cometieron errores, y yo sabía que no lo había hecho.

Así que, mis agradecimientos a mis abogados. Y mis agradecimientos a todos los abogados de Brasil que fueron solidarios. Todos. Hubo mucha gente que fue solidaria conmigo, muchos documentos firmados. Yo me siento, sinceramente, muy agradecido a todo el mundo. 

Quiero agradecer. Pero, antes de agradecer, contar que una vez tuve un abogado muy importante. Cuando salió la noticia del tríplex, este abogado me dijo así: "Tranquilo, Lula" – uno de los mayores criminalistas de Brasil – "Tranquilo, Lula, el tema es así: no tienes que preocuparte con esa cosa del tríplex, porque no hay forma de que eso avance. Eso no tiene como prosperar. Eso no va para adelante".

Ellos inventaron una offshore de Panamá e inventaron a una empresaria de la offshore, para decir que esa empresaria tenía – y que esa offshore tenía – compromisos con la empresa OAS y con Petrobras, y que, por lo tanto, era lo que ellos necesitaban para condenarme.

Y lo del tríplex, que no avanzaría, sobre el cual ellos nunca presentaron un documento, nunca presentaron un centavo, fue la razón para que yo fuera condenado a nueve años de prisión. Y a pagar una multa que vale cincuenta veces más que el apartamento. 

Es una lucha titánica contra un gobierno incompetente, contra un ministro de Salud incompetente y contra las personas que no respetan la vida. Por eso, a los gobernadores, mi solidaridad. 

Y ahora resulta que le toca a Boulos ser víctima del apartamento: lo acusan porque ocupó el apartamento. Lo gracioso es que, si yo era el dueño, yo no procesé a Boulos. Entonces quiero saber quién fue que procesó al muchacho que invadió un apartamento que ellos decían que era mío. Yo no lo procesé, y alguien lo hizo. 

Ahora bien, quiero que sepas, Boulos, que tienes toda mi solidaridad. Si es necesario invadir por ti, invadiremos. 

Muy bien, quiero saludar a mi querida Gleisi Hoffmann, que tuvo un papel, no solo en la presidencia del partido, sino en defensa del PT y en mi defensa.

Ustedes saben que es muy difícil. Nunca quieran estar en las páginas de los diarios con la cara de ustedes tildada por el delito que sea. Porque se van a dar cuenta de que muchas personas que ustedes creían que eran amigas pronto desaparecerán. Ustedes van a pasarse semanas o meses sin recibir una llamada. 

Personas que vivían detrás ustedes, las 24 horas del día, van a desaparecer. Yo no le deseo ese mal a nadie. Por eso, cuando era presidente, hice tres discursos en asunciones de fiscales generales. Paulo Okamoto, yo decía: considero al Ministerio Público una institución muy importante. Por esa razón, la persona que sea nombrada fiscal debe ser muy honesta y seria. 

No podemos salir por ahí divulgando el nombre de las personas antes de tener pruebas. No podemos intentar criminalizar a las personas antes de probar que han cometido un crimen. Y fue lo que sucedió. La Operación Lava Jato hizo un pacto con los medios. Era necesario, porque esa era la teoría de Moro en un artículo que escribió en 1994, en el que decía: “solo la prensa puede ayudar a condenar a las personas”. Y entonces vale cualquier cosa. 

Así que quiero agradecer a Gleisi, por todo el trabajo. Gleisi, como compañera, como abogada y como presidenta del partido. 

Quiero agradecer al compañero Fernando Haddad, que también me iba a visitar como abogado. No iba como compañero del PT, él iba como abogado. Rui Costa fue como abogado, mi compañero de partido. Emilio iba como abogado a visitarme. 

Me gané dos amistades extraordinarias. Personas que yo no conocía, dos abogados de Curitiba, que me visitaron durante 580 días, todos los santos días. Uno iba por la mañana y el otro, por la tarde. Solo no iban los sábados y domingos. Pero imagínense lo que es que dos personas me visitaran todos los santos días. 

Uno llegaba con el almuerzo, que me mandaba Janja, y el otro llegaba por la tarde, con la cena que me mandaba Janja. Saben, a veces la comida llegaba fría, pero yo me la comía y no me quejaba, porque sabía que el pueblo pasaba hambre allá afuera. Yo me la calentaba porque tenía un aparatito para calentar la comida. Un peón de fábrica sabe cómo calentarse la marmita. Así que no comí comida fría, era toda calientita. 

Bueno, una vez, Janja me mandó una sopa, una sopa dentro de un termo. Y creo que la sopa se siguió cocinando dentro del termo, y no salía después. Los granos se hincharon, creo que eran lentejas. Los granos crecieron y yo no podía sacar mi comida. Pero fui tirando, tirando con la cuchara, golpeando el fondo del termo. La sopa ya no era sopa, pero estaba rica. 

Quiero agradecer a los gobernadores Rui Costa, Wellington Dias, Camilo Santana, Fátima Bezerra y todos los gobernadores de la región Nordeste que están peleando, y los del país entero, para vacunar a la gente.

Es una lucha titánica contra un gobierno incompetente, contra un ministro de Salud incompetente y contra las personas que no respetan la vida. Por eso, a los gobernadores, mi solidaridad. 

Quiero agradecer a todos los compañeros de las centrales sindicales, agradecer a todos los compañeros de los partidos políticos aquí presentes, quiero agradecer a los movimientos sociales, a la CUT, a la Força Sindical, a la CGTB, al MST, al MTST, a los compañeros de la UNE, que tuvieron un papel extraordinario durante el período en el que fui gobierno.

Y quiero agradecer a ustedes, la prensa brasileña, porque después de todo lo que he dicho aquí, pueden estar seguros de que ni João Roberto Marinho quiere más a la prensa que yo. Ni él quiere más democracia que yo en la prensa, y mucho menos el presidente de la República.

Mis agradecimientos a ustedes. Porque yo sé que ustedes van a seguir trabajando para intentar mejorar el rol de la prensa en la construcción de la democracia brasileña.

Compañeros y compañeras, me puse a pensar sobre qué iba a hablar con ustedes hoy aquí. Anoche estuve hasta las doce poniendo y quitando cosas de mi borrador, cambiando cosas, y llegué a la conclusión de que necesitaba hablar con ustedes un poco sobre la situación de este país. Sería un error de mi parte no decirles que Brasil no se merece estar pasando por lo que está pasando. 

Yo tengo 75 años de edad. Digo en broma que tengo energía de 30 y libido de 20. Creo que por eso no me han dado la vacuna todavía, porque no saben si tengo 30, 20 o 75. Bueno, ahora les estoy diciendo que tengo 75 y, la semana que viene, si Dios quiere, voy a tomar mi vacuna. Voy a tomar mi vacuna. No me importa de qué país, no me importa si son dos o una sola. Voy a tomar mi vacuna y quiero hacerle propaganda al pueblo brasileño.

No sigas ninguna decisión imbécil del presidente de la República o del ministro de Salud. Toma la vacuna. Toma la vacuna porque la vacuna es una de las cosas que pueden librarte del la covid.

Incluso cuando te toque, no creas que puedes vacunarte y ya enseguida quitarte la camisa, ir al bar y pedir una cerveza fría para ponerte a conversar, ¡no! Tienes que seguir manteniendo el aislamiento, usando la mascarilla y el alcohol gel. Por el amor de Dios. 

Ese virus, esta noche, mató a casi 2 mil personas. Pasa que las muertes se están naturalizando, porque lo escuchamos por la mañana, por la tarde y por la noche. Ponemos un canal de televisión, leemos un periódico, encendemos la radio, y están hablando de muertes, entonces uno va naturalizándolo en la cabeza, pero son muertes que, en gran parte, podrían evitarse. Podrían evitarse si tuviéramos un gobierno que hubiera hecho lo elemental. 

Ustedes saben que el arte de gobernar no es fácil. Es el arte de saber tomar decisiones. Entonces un presidente de la República que respetara a sí mismo y al pueblo brasileño, lo primero que habría hecho en marzo del año pasado sería crear un comité de crisis. 

Incluyendo a su ministro de Salud, incluyendo a los secretarios de Salud de los estados, incluyendo a los científicos de la Fiocruz, los científicos del Instituto Butantan y otros científicos. Y cada semana orientar a la sociedad brasileña sobre qué hacer. 

Era necesario priorizar el dinero y comprar las vacunas que se pudieran comprar en cualquier lugar del planeta Tierra. Tuvimos momentos en los que había vacunas y nosotros ni siquiera las aceptamos. La propia Pfizer intentó ofrecernos la vacuna y no la quisimos. La Organización Mundial de la Salud. 

Porque teníamos un presidente que inventó una tal cloroquina. Teníamos un presidente que decía que quienes le tienen miedo a la covid son maricas, que la covid era una gripecita, que la covid era cosa de cobardes, que él era exatleta y que, por lo tanto, él no se iba a contagiar. Ese no es el papel, en un mundo civilizado, de un presidente de la República. 

Un presidente de la República debería tener ese comité de crisis y, cada semana, tener una voz oficial del comité de crisis orientando a la sociedad, visitando los estados, visitando las ciudades, viendo las condiciones de los hospitales, trabajando para hacer hospitales de campaña donde no hubiera hospital. Intentando evitar que faltara oxígeno como faltó en Manaos. Ese era el papel del presidente de la República. 

Ahora bien, él no sabe qué es ser presidente de la República. Él, toda la vida, no fue nada. Él no fue ni siquiera capitán. Era teniente y lo promovieron porque se jubiló. Y se jubiló porque quería explotar al cuartel, porque se convirtió en un dirigente sindical de los soldados, quería más aumento de salario.

Después de jubilarse, nunca más hizo nada en su vida. Fue concejal y diputado durante 32 años. Ejerció el mandato y logró pasarle a la sociedad la idea de que no era político. 

¿Se han imaginado el poder de la fuerza del fanatismo? A través de fake news, el mundo eligió a Trump. A través de fake news, el mundo eligió a Bolsonaro.

Los papás o las mamás de ustedes un día les deben haber dicho: “Hijo, la mentira va en avión supersónico, la verdad va montada en un caparazón de tortuga”. Entonces, la mentira tiene mucha fuerza, porque es más fácil de creer. La verdad hay que explicarla, la mentira no. 

Me he enterado estos días, que hay 50 millones de personas en el mundo que creen que la tierra es plana. O sea, ¿se dan cuenta de la locura que se está adueñando de este país?

Muchas muertes se podrían haber evitado, muchas muertes. Y el papel de las iglesias es ayudar a orientar a la gente, no es vender granos de frijol o hacer cultos llenos de personas sin mascarilla, diciendo que tienen el remedio para curarlas. 

Yo creo que Jesús puede salvar a las personas, pero las personas tienen que ayudar. Si la persona es ignorante, no usa mascarilla, no hace el aislamiento, no se hace el lavado de manos necesario, Dios va a decir: “Espera un momento, yo tengo mucha gente que cuidar, hijo mío, cuídate”. 

Este país está totalmente desordenado y desagregado porque no tienen ningún gobierno. Voy a repetirlo: este país no tiene gobierno.

Este país no cuida de la economía, este país no cuida del empleo, este país no cuida del salario, este país no cuida de la salud, este país no cuida del medio ambiente, este país no cuida de la educación, este país no cuida del joven, este país no cuida de sus niños y niñas en la periferia. O sea, ¿de qué cuida?

¿Cuántos años hace, compañeros dirigentes sindicales, que no oyen las palabras inversión, desarrollo, generación de empleo y distribución del ingreso? Hace mucho tiempo. 

No sé si la CUT ya publicó el documento, si ya se reunió con el movimiento sindical, pero hay algo que yo deseaba desde hace mucho tiempo que se produjera y finalmente parece que el Dieese [Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos] lo ha hecho. ¿Recuerdan ustedes cuando el Ministerio Público utilizaba los medios de comunicación para vender la hazaña de que este país había recuperado 4 mil millones de reales para Petrobras?

Se hartaron de oírlo: “Ah, Dallagnol se va a reunir con la Globo y va a decir que recuperó mil millones de reales, 2 mil millones de reales”. ¿Ustedes saben cuál es la pérdida que generó la Lava Jato? Estoy hablando de la Lava Jato. La Lava Jato podría haber investigado la corrupción, podría haber arrestado al dueño de la empresa que es ladrón, podría haber arrestado al político que es ladrón, pero mantener a las empresas funcionando. 

Porque, a fin de cuentas, solo para que se hagan una idea, a causa de la Operación Lava Jato, Brasil dejó de recibir inversiones por 172 mil millones de reales. Solo a causa de la Lava Jato. Según el estudio del Dieesse, el país perdió 4 millones de empleos. No estoy hablando de los 14 millones de desempleados; estoy diciendo que, solo en función de la Lava Jato, la destrucción causada en la corriente generadora de empleo en este país resultó en la pérdida de 4 millones de empleos.

Solamente en la construcción civil, 1 millón 100 mil. Ahora, si toman la cadena productiva de aceite y gas, de la industria naval, de la industria metalúrgica, van a ver cuántos millones de empleos…

De eso nunca se ha hablado. Nunca ningún instituto tuvo el valor de publicar cuál fue el perjuicio causado a este país. Este país que, en los tiempos en que el PT gobernaba, llegó a ser la sexta economía del mundo.

Recuerdo que en Copenhague, cuando estaba disputando las Olimpíadas, yo bromeaba con Francia e Inglaterra: “Prepárense, porque ya los hemos pasado a ustedes, ahora quiero pasar a Alemania”. Vayan preparándose, porque Brasil no nació para ser pequeño, Brasil nació para ser grande.

Por eso hay gobernantes que piensan grande. Porque quien piensa pequeño es pequeño. Este país llegó a ser la sexta economía del mundo. En todas las encuestas, era el país más admirado del mundo, era el país en que el pueblo tenía más felicidad, en el que el pueblo creía más en el futuro.

Era un país altamente respetado por China, Rusia, India, Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos. Este país tenía un proyecto de nación. ¿Qué tiene el país hoy?

Ustedes nunca me escucharon hablar de privatización. ¿Quién cree que solo la iniciativa privada es buena?

Una empresa pública como el Banco de Brasil, una empresa pública como Petrobras, bien dirigida, como lo fue en nuestro gobierno, se transformó en la cuarta empresa de energía del mundo. 

Petrobras invertía 40 mil millones de reales al año. Nosotros no descubrimos el presal para exportar petróleo crudo. Descubrimos el presal para exportar derivados, para tener una industria petroquímica poderosa en Brasil.

Por eso acuñamos la frase: “el presal es el pasaporte para el futuro”. Por eso pusimos el 50% de los royalties para educación. Por eso pensamos en crear un fondo del pueblo brasileño. Todo eso está siendo destruido.

Han vendido a nuestra BR, no sabemos a quién. Una empresa que recaudó, en 2019, 70 mil millones de reales, la vendieron por 3.900 millones.

¿Alguna vez lo han oído a Guedes decir una palabra sobre crecimiento económico, desarrollo y distribución de ingreso? No, el tema es vender. Vamos a vender. Ahora, cuando ellos vendan y gasten el dinero en costeo, el país va a estar más pobre. 

El PIB no va a crecer y la deuda va a seguir creciendo. Porque la única forma de reducir la deuda de Brasil no es dejar de gastar con lo que es necesario. Porque si tienes que invertir en educación y salud, si tienes que invertir en transporte e infraestructura, tienes que poner dinero.

Lo que va a hacer que nuestra deuda se reduzca respecto al PIB es el crecimiento económico, es la inversión pública. Porque ¿cuál es la lógica de la inversión pública? Si el Estado no confía en su política y no invierte, ¿por qué el empresario lo haría?

Les voy a pasar un dato que quizá no conozcan. Lo voy a hacer porque estoy aquí dentro del sindicato. 

Cuando este país tenía como presidente de la República a un metalúrgico, en 2008, la industria automotriz vendía 4 millones de coches al año. Pasados 13 años, este país vende 2 millones de coches. O sea, hoy la industria automotriz es la mitad de lo que era en 2008. Porque no hay posibilidad de inversión si no hay demanda. Para que haya demanda, tiene que haber empleo.

¿Por qué creen que el PT está peleando por un salario de emergencia de 600 reales? No es porque creamos que el Estado tiene que pagar 600 toda la vida. Es porque el Estado solo puede dejar que pagarlos cuando esté generando empleos y las personas estén obteniendo ingresos, producto de su trabajo, y entonces no se necesita más el salario de emergencia.

Pero, mientras el gobierno no cuida del empleo, no cuida del salario, no cuida del ingreso, tiene que haber salario de emergencia para que las personas no se mueran de hambre. No hace falta leer a Marx para entender eso, no hacen falta artículos de Delfin Neto para entender eso. Es la lógica de la casa de uno. 

Si tu mujer tiene dinero, si tu familia tiene dinero, ella va al supermercado, va a la feria, se compra un cuaderno nuevo, se compra unos zapatos, una camisa y todo empieza a funcionar. Si no hay dinero, ella se queda en casa prostrada, frente a la cocina, esperando: “¿Cuándo voy a tener dinero para comprar algo?”.

Brasil no es de él [Bolsonaro] y de los milicianos. Brasil es de 230 millones de personas. Y esas personas quieren trabajar, quieren comer, quieren tener casa, quieren tener ocio.

Porque gobernar un país... un presidente de la República tiene que conversar con los sindicalistas. No es posible que un presidente de la República no converse con la fuerza de trabajo.

Un presidente tiene que conversar con los empresarios, y me parece que Bolsonaro solo conversa con el Loro de Havan, Murió el loro de Ana Maria Braga, el Loro José, pero ahí está el Loro de Havan. Parece que es pura charla, porque reuniones productivas con empresarios no hay. 

Yo tenía un consejo con cien personas. Participaban los dirigentes de los sindicatos, los grandes empresarios, participaban indios, participaban pastores de iglesias evangélicas, participaban curas, obispos, participaban negros. Porque yo quería escuchar a la sociedad. Hicimos, en mi mandato, 74 conferencias nacionales para escuchar qué quería la sociedad. 

Bolsonaro no junta a nadie. Él junta los milicianos. No muestra la cara en las entrevistas. A la salida del Palacio, se detiene para decir: “Estoy liberando armas, estoy liberando cuatro armas más, dos fusiles más, ya pronto habrá cañones para todos”. 

Este pueblo no necesita armas, David. Este pueblo necesita empleo, trabajo formal, salarios, libros, educación. El Estado tiene que estar presente en la periferia de este país. El Estado tiene que estar allí con educación, con cultura, con salud, con política de asistencia social. Y ese es papel de un presidente de la República.

¿No habrá leído nada Bolsonaro sobre lo que hicimos? ¿No produjiste, Haddad, algún librito para darle a Bolsonaro para que lea? Tantas cartillas que hicimos… ¿El PCdoB no hizo una cartilla para mandarle a Bolsonaro diciendo que es posible gobernar diferente? Oye, Miguel, puedes hacer una de la Força Sindical y Sérgio puede hacer una de la CUT para que él sepa que es posible. 

Brasil no es de él y de los milicianos. Brasil es de 230 millones de personas. Y esas personas quieren trabajar, quieren comer, quieren tener casa, quieren tener ocio.

No saben cómo me ponía de contento cuando veía a un trabajador mostrando una picaña y diciendo “Me voy a comer una picaña y tomar una cerveza”. Es una cosa fantástica. 

Ustedes no saben la alegría de ver al pequeño productor de este país, representado aquí por el compañero João Paulo de los Sin Tierra, produciendo y sabiendo que tenía garantía de precio, que su producto no iba a quedar en la bodega de su casa o echarse a perder al sol o bajo la lluvia. 

Ese producto lo comprábamos y lo distribuíamos si fuera necesario, pero teníamos que construir el stock regulador, incluso para regular el precio. Por favor, ¿cómo puede ser que el gas de cocina esté costando 105 reales? ¿Cómo es posible que la cebolla aumente un 60% y el tomate no sé cuánto? ¿Cómo se explica que la luz aumente tanto?

La gasolina, David, tú que eres petrolero… Voy a aprovechar para decir algo delante de ti. No es posible permitir que el precio del combustible brasileño tenga que seguir el precio internacional si no somos importadores de petróleo. Brasil es exportador. 

Si producimos la materia prima aquí, si la sacamos del fondo del mar, si logramos refinarla aquí. Nosotros producimos gasolina de avión, producimos diésel y lo hacemos en la calidad de la Unión Europea. 

Porque, antes de que yo llegara a la Presidencia, – esto es algo que ustedes no saben, porque la prensa nunca lo divulgó – nuestra gasolina tenía 1500 ppm, partículas por… qué sé yo por cuánto, por millón, o algo así. No entiendo de qué se trata, pero era así. 

Lo hicimos bajar a 50, estándar europeo. ¿Saben qué es eso? Estándar europeo para cuando estén caminando – a mí me parece mal caminar por las calles, pero de vez en cuando –no estén respirando gas carbónico con la gasolina tan contaminada y el diésel tan contaminado. Así que convertimos a nuestras refinerías al estándar mundial. Y ahora estamos importando gasolina de los Estados Unidos y diésel también. No tiene lógica. 

En 1953, cuando estábamos creando la Petrobras, el diario O Estado de São Paulo, en su editorial, escribía que Brasil era ignorante, que Brasil no tenía que tener petróleo, que Brasil no necesitaba producir petróleo, que Brasil tenía que comprarle a Estados Unidos.

Ahora, hemos vuelto al año 53: Brasil tiene la materia prima... Ustedes son jóvenes y tal vez no se acuerden de todo, pero cuando descubrimos el presal, ¿saben qué decía Miriam Leitão? Ella decía así: “Sí, descubrimos el presal, pero no podemos explotarlo porque no hay tecnología y el precio del barril va a ser muy caro”. ¿Recuerdas, David? Con toda desfachatez. 

No solo estamos buscando petróleo a 6,7 mil metros de profundidad, como el costo del barril fuera de la tierra es tan solo un dólar más caro que el barril de Arabia Saudí, que es casi la luz del sol. ¿Se dan cuenta de qué significa eso?

Significa inversión en investigación y tecnología que hicimos en Petrobras. Es por eso que le hicieron el golpe a Dilma, porque es necesario que no haya petróleo aquí en manos de los brasileños. Es necesario que esté en manos de los norteamericanos porque ellos tienen que tener el stock para la guerra. 

Después de la 2ª Guerra Mundial, ellos aprendieron que solo ganan la guerra quienes tienen mucho stock de combustible. Ellos saben que Alemania perdió la guerra porque no llegó a Bakú, en Rusia, para tener acceso a la gasolina. 

Por eso, todos los países ricos tienen gran stock de combustible. Todos. Y nosotros, que somos un señor país de grande, un país que tiene la más importante tecnología en prospección de petróleo en aguas profundas, nos estamos deshaciendo de todo eso para poder atender a los intereses del dios mercado del petróleo.

La economía está mal y la covid se está apoderando de este país. La cepa de Manaos parece que es diez veces más contagiosa que la otra y mata por lo menos dos veces más. Al menos fue lo que oí decir a los científicos.

Este país podría estar investigando vacunas y produciendo vacunas. Cuando vino la H1N1, en dos mil no sé cuánto, yo era presidente de la República. Vacunamos en aquel entonces 80 millones de brasileños en tres meses. Este país tiene un sistema de salud que sabe hacerlo.

¿Dónde está Zé Gotinha [personaje histórico de las campañas de vacunación]? ¿Dónde estará nuestro querido Zé Gotinha? Bolsonaro lo expulsó porque pensó que era petista. No lo era. Lo había inventado gente muy importante de la salud de este país. No tuvo nada que ver con el PT, Era suprapartidario, era humanista. ¿Y dónde está Zé Gotinha? Se fue. 

Quisiera que mediten.

Este país no tiene gobierno, no tiene ministro de Salud, este país no tiene ministro de Economía, este país tiene a un fanfarrón. El presidente, como no sabe nada, él dice que “son todas cuentas de Guedes, son todas cuentas de Guedes, son todas cuentas de Guedes”.

Y sobre eso, ustedes saben que el país está empobrecido. El PIB ha caído, la masa salarial ha caído, el comercio minorista ha caído, la producción de comida estaba insostenible y el presidente no se preocupa por eso. El presidente sí se preocupa: “Necesito vender más armas”.

Es necesario que se repita muchas veces a Marielle. Es necesario. Él tiene que dar garantías a los terratenientes diciendo: “Compren fusiles, compren ametralladoras. Si llega un sin tierra, métanle fuego”. 

Me siento joven para pelear mucho. Entonces quiero que sepan: rendirse jamás; la palabra rendirse no existe en mi diccionario. 

Como decía Trump: si encuentran a alguien hablando mal de mí en un restaurante, péguenle que yo aseguro el abogado. Bolsonaro asegura los milicianos. 

Por último, compañeros y compañeras, quería decirles que, cuando se llega a la edad a la que he llegado, y cuando se obtiene de Dios la generosidad que he recibido, no hay más espacio para guardar odio, no hay más espacio para para perder tiempo remordiendo rabia u odio. Yo he sido bendecido por Dios por muchas cosas. 

Si lo miramos desde el punto de vista sociológico o filosófico – ¿te gusta, Boulos, que diga sociológico? –, si analizamos, Haddad, en función de eso, no habríamos hecho aquí, Nobre, la revolución de crear el nuevo sindicalismo en el 78, porque era imposible crear cualquier cosa, y lo hicimos.

No habríamos creado la libertad de organización partidaria, y yo no habría tenido el gusto de crear el partido más importante de la izquierda latinoamericana. Y mucho menos de ser presidente. 

Ustedes recuerdan con quien disputé la primera elección: con el dr. Ulisses Guimarães, con el dr. Leonel de Moura Brizola, con el dr. Paulo Salim Maluf, con el dr. Mario Covas, con el dr. Afif, con el dr. Aureliano... eran todos doctores.

El único tipo que no era doctor era yo. Y fui a la segunda vuelta. No gané porque la Globo me robó. La Globo hizo aquella trampa del debate, reconocida por los directores de la Globo de la época. 

Bueno, entonces soy un hombre bendecido por Dios, y quiero terminar diciéndoles lo siguiente: estoy en paz con la vida. La Lava Jato desapareció de mi vida. Yo no espero que las personas que me acusan dejen de acusarme, no lo espero. 

Estoy satisfecho de que se haya reconocido aquello que mis abogados vienen diciendo desde hace mucho tiempo: el presidente es inocente, el presidente no es dueño del apartamento.

Hemos derribado 11 acciones judiciales a lo largo de cinco años. O sea, hemos tenido 100% de éxito en la decisión de Fachin. De pronto, yo tenía cuatro procesos y ellos han desaparecido. ¿Por qué Fachin no lo hizo antes? Yo lo estoy diciendo hace cinco años. 

Sé que, para mucha gente que me acusó, resulta embarazoso dejar de acusarme. Es duro porque, cuando uno se enreda en el camino de la mentira, es difícil volver atrás. Pero vean como estoy mucho más sereno que William Bonner anoche dando la noticia. Miren como tengo el semblante tranquilo, de que la verdad venció, de que va a seguir venciendo.

Por eso, compañeros y compañeras, quisiera decirles a ustedes: quiero dedicar el resto de vida que me sobre, y espero que sea mucha, mucha, eso espero. A uno le empieza a gustar la vida cuando está más cerca del cielo. Quiero volver a recorrer este país para conversar con este pueblo. 

El pueblo no tiene el derecho de permitir que un ciudadano que causa los males que causa Bolsonaro al país siga gobernando y siga vendiendo el país. Yo no sé cuál es la actitud, pero alguna actitud vamos a tener que tomar, compañeros, para que este pueblo vuelva a soñar.

Este país ya ha soñado, este país ya ha realizado. Gente, soñábamos con hacer que este país fuera grande. Construimos y fortalecimos el Mercosur. Construimos la Unasur, porque queríamos crear un gran bloque económico latinoamericano, un bloque de 400 millones de habitantes, de un PIB razonablemente grande, para negociar en condiciones de igualdad con Europa. 

Porque Europa solo quiere negociar para vendernos los productos industriales de ellos y que les vendamos los productos agrícolas. No. Nosotros no queremos hacer del agronegocio… Respetamos el agronegocio, creo que el agronegocio tiene mucha tecnología, es muy importante, pero Brasil quiere ser un país industrializado. Brasil quiere tener nuevas industrias, el país quiere tener nuevas tecnologías. 

No me tengan miedo. Yo soy radical. Soy radical porque quiero ir a la raíz de los problemas de este país. Soy radical porque quiero ayudar a construir un mundo justo. Un mundo más humano. 

Soñábamos con eso. Creamos los Brics, creamos el banco de los Brics, nosotros creamos el banco del Sur. Brasil tenía un proyecto de nación. Brasil tenía un proyecto de soberanía. Porque hace 500 años del descubrimiento. 

¿Cuándo vamos a poder cuidarnos solos? ¿Cuándo voy a poder despertar por la mañana sin tener que pedirle permiso al gobierno norteamericano para respirar? ¿Cuándo voy a poder despertarme por la mañana sabiendo que mi pueblo está desayunado, que va a almorzar y cenar, que los niños y niñas están en la escuela, que están teniendo acceso a la salud y a la cultura? ¿Cuándo vamos a despertar? Eso es posible. Nosotros lo hemos probado. 

Entonces, compañeros y compañeras, es por la construcción de ese sueño y por ayudar a hacerlo realidad es que me siento muy joven. Me siento joven para pelear mucho. Entonces, quiero que sepan: desistir, jamás; la palabra desistir no existe en mi diccionario. 

Yo aprendí con mi madre: lucha siempre, cree siempre, intenta siempre, porque si no creemos en nosotros mismos, nadie va a creer. Si no te respetas, nadie te va a respetar.

A las personas que me han tratado mal durante todos estos años, quiero decirles: yo quiero conversar con la clase política. Porque muchas veces, Haddad, muchas veces, Boulos, muchas veces nos negamos a conversar con determinados políticos; está en nuestra naturaleza. 

Pero vean, a mí me encantaría que en el Congreso Nacional solo hubiera gente buena, gente de izquierda, gente progresista, pero no es así. El pueblo no pensó así. El pueblo eligió a quienes quiso elegir. Nosotros tenemos que conversar con quienes están allá para ver si arreglamos este país. 

Yo necesito conversar con los empresarios. Yo quiero saber dónde está la locura de que no se dan cuenta de que, si quieren crecer económicamente, si quieren que la bolsa crezca, si quieren que la economía crezca, hay que garantizar que el pueblo tenga empleo, que el pueblo tenga ingresos, que el pueblo pueda vivir con dignidad, de lo contrario no hay crecimiento. 

¿Será tan difícil? ¿O nos quedaremos rehenes del “dios mercado”, que solo quiere ganar dinero, no importa cómo?

Ya hemos visto la experiencia de la crisis de 2008, con el subprime norteamericano y, después, con la quiebra de Lehman Brothers. Cuando ellos quebraron, ¿quién puso dinero para salvarlos? ¡El Estado! El Estado que ellos repudian, el Estado que ellos destruyen. Cuando ellos quiebran, quien pone dinero es el Estado para salvarlos.

En Estados Unidos, cuando quebró el sistema hipotecario, por la burbuja, con el subprime, ellos ayudaron primero a los bancos, para recién después pensar en los pobres infelices que perdieron sus casas. ¿Cuándo vamos a pensar en lo de abajo primero?

Entonces, no me tengan miedo. Yo soy radical. Soy radical porque quiero ir a la raíz de los problemas de este país. 

Soy radical porque quiero ayudar a construir un mundo más justo. Un mundo más humano. Un mundo en el que trabajar y pedir aumento de salario no sea un crimen. Un mundo en el que la mujer no sea despreciada por ser mujer. Un mundo en el que las personas no sean discriminadas por aquello que quieren ser. Un mundo en el que logremos abolir definitivamente el maldito prejuicio racial en este país. Un mundo en el que no haya más balas perdidas. Un mundo en el que el joven pueda transitar libremente por las calles de cualquier lugar sin la preocupación de recibir un balazo. 

Un mundo en el que las personas sean felices donde quieran serlo, que las personas sean lo que decidan ser. Un mundo en el que tengamos que respetar la religiosidad de cada uno, cada uno es lo que quiere ser, cada uno tiene la espiritualidad que quiere tener. Nadie está obligado a ser de mi religión, que cada uno tenga la que quiere, en la que cree. Las personas pueden ser LGBT, y tenemos que respetar lo que hacen las personas. Ese mundo es posible, ese mundo es plenamente posible. 

Por eso los invito a que luchemos en este país para garantizar que todos, todos los brasileños, independientemente de la edad, tomen la vacuna. 

Para ello, tenemos que obligar al gobierno a comprar la vacuna, pero, al mismo tiempo, tenemos que pelear por el salario de emergencia y, al mismo tiempo, pelear por inversiones en la generación de empleo, sobre todo a partir de infraestructura.

Tenemos que pelear por una política de ayuda a los microemprendedores, al pequeño empresario brasileño, que no aguanta y quiebra. ¿Cuánto restaurantes están cerrando? ¿Cuántas farmacias están cerrando? ¿Cuántas lavanderías están cerrando? ¿Cuántos institutos de belleza están cerrando? ¿Para qué existe el gobierno? Para intentar encontrar soluciones para esas personas. 

Entonces, gente, yo ahora les quiero pedir disculpas a ustedes, porque, como Gilmar Mendes habló mucho ayer, yo también hablé mucho hoy, pero ustedes han de convenir que hace cinco años que no hablo con la prensa. 

¿Saben cuál fue la última vez que di una entrevista para la televisión? Fue para Roberto D'avila, en Globonews, hace unos cinco o seis años.

Yo me convertí en una especie de virus: no te acerques a Lula, no lo escuches a Lula. Una vez me condenaron a tres años de cárcel en Manaos. ¿Saben cuál era mi arma? El juez dijo que yo tenía la lengua felina. Quiero decirles a ustedes: para defender al pueblo brasileño, para defender las cosas que van a salvar este país, voy a seguir con mi lengua felina. 

Y quiero agradecerles porque, si no fuera por ustedes, posiblemente yo no habría llegado hasta aquí.

Muchas gracias.